¡Qué bárbaro!: Querétaro, Patrimonio Cultural de la Humanidad

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La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization) fue fundada en 1945, con sede en la Ciudad Luz (la Ville lumière); desde entonces, nuestro país ha participado en su conformación y ha secundado muchas de sus propuestas. Don Jaime Torres Bodet (quien fundó el Instituto Nacional de Capacitación del Magisterio, cuando acciones gubernamentales como esta no causaban escozor social) fue su segundo director general, de 1948 a 1952.

Dentro de los objetivos de este organismo, encontramos el de preservar los recursos naturales y culturales; busca que el progreso de cada pueblo se dé sin menoscabar su historia y su identidad. En este marco, hace cuatro lustros, la “antigua” Santiago de Querétaro (especialmente por sus edificios erigidos entre los siglos XVII y XVIII) fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad… siete años más tarde, la UNESCO extendería ese reconocimiento a las cinco misiones franciscanas de la Sierra Gorda; recuerdo de las tareas evangelizadoras de los frailes españoles.

Durante las últimas administraciones priistas del pasado siglo -las encabezadas por el gobernador Enrique Burgos y el presidente municipal Jesús Rodríguez- la entidad internacional otorgó ese reconocimiento a la herencia española de nuestra ciudad. Ahora que celebramos el vigésimo aniversario del reconocimiento… viene a mis recuerdos otro hecho relacionado con la exaltación de “lo cultural”: en diciembre de 2012, los diputados de la Quincuagésima Séptima Legislatura expidieron el decreto por el que declaraban la fiesta de los toros “Patrimonio cultural inmaterial del estado de Querétaro”; iniciativa presentada por un exmilitante del citado partido… y durante la administración del único gobernador priista del –ni tan- nuevo siglo XXI.

Desde hace algunos años existe una iniciativa mundial -es un decir, ya que se trata únicamente de los países en los que se dan corridas de toros- para que la tauromaquia sea reconocida como “patrimonio cultural”, por la misma UNESCO. Del lado contrario, miles de personas han expresado su profundo rechazo a esta manifestación cultural; enfocan sus argumentos en dos puntos: no es aceptada ni genera orgullo en la mayoría de los ciudadanos de los sitios en los que se acostumbra y, además, no cumple con las normas mínimas de la ética humana… es un espectáculo que se basa en el maltrato –aseguran- de un animal.

El debate que pueda surgir de este ejemplo pone en la mesa el concepto de cultura; según los países miembros del órgano defensor de la educación, la ciencia y la propia cultura… ¿Quién podría restarle méritos a la Acrópolis de Atenas, para ser patrimonio cultural? Pero, si entre los monumentos “reconocidos” está el regalo hecho el 4 de julio de 1884, de Francia a los de Estados Unidos, luego de que el historiador francés Edoard de Laboulaye hubo propuesto -desde 1865- que su país diera un obsequio por el primer centenario de la firma de su Independencia: la Estatua de la Libertad… existe un abismo entre ambos, ¿o no?

Los ejemplos señalados -guardada toda proporción- nos obligan a que reflexionemos si es posible tipificar (estandarizar, dicen ahora) el concepto “cultura”; si apelamos a las partes que la definen: costumbres, conocimientos, desarrollo artístico y científico… la Estatua de la Libertad y la fiesta de los toros caben perfectamente dentro de la concepción de cultura.

La discusión podría ir más lejos, ¿en que se basa una entidad multinacional para determinar un “patrimonio cultural”? Resulta evidente que en uno de los ejemplos mencionados (la tauromaquia “Patrimonio cultural inmaterial del estado de Querétaro”) hubo razones políticas y económicas; no menosprecio el hecho… todo lo contrario, estoy convencido de que la lidia de un toro bravo solo es posible mediante el dominio artístico de una técnica muy particular; sin soslayar el valor del torero y todo lo que implica la crianza de su majestad el toro. Esta tradición merece el calificativo “cultural”, sin duda; pero sería un verdadero engaño no ver las otras razones… como resultaría pueril el no darnos cuenta de las causas políticas tras el emblema de la bahía neoyorquina.

La UNESCO está encargada de nombrar y confirmar los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad; su principal finalidad es la preservación y la difusión de lugares de excepcional importancia natural o cultural, y que sean considerados como parte de la herencia común de la Humanidad; razones por las que deben ser protegidos para las próximas generaciones.

Nuestra ciudad cabe, in-du-da-ble-men-te en estas categorías; no es posible entender la historia de México fuera de los sucesos gestados en esta tierra (la Independencia, la Reforma, la caída del Imperio, la Constitución… por señalar algunos). Querétaro cuenta con lugares infestados (positivamente) de historia; el merecimiento resulta inobjetable… aunque la sombra de “lo político” pudiera eclipsarlo; como sucede con la tauromaquia y un sinnúmero de hechos por el estilo.

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