Cuando la bestia anduvo

By  |  0 Comments
Por: Gerardo Morales

Algo brinco en él al ver esa imagen: un caballo flotando en el canal de aguas negras que diariamente percibe. Pero en su momento no pudo hacer nada, pues el hedor humano en el que transitaba lo mantenía preso y el excesivo contacto corporal lo sostenía en aquel autobús.

Rápido vino a su mente regresar al lugar. Y así lo hizo: tomó su bicicleta, su vieja cámara y pedaleó hasta llegar al solitario, peligroso y sospechoso lugar.

Estando allí, creyó haber cometido un error, pues aves de rapiña, con pistola, lo sondeaban y vigilaban para ultrajarle hasta el alma.

Sin pensarlo, intentó capturar la sorpresa que obtuvo al ver aquel  animal -íntegro- flotando sobre el agua. Así disparo un par de ocasiones sin sentir la satisfacción de la sorpresa en una imagen.

Sin más, se alejó del lugar, pues cada vez más cerca estaba la rapiña. Pero al verse en ese solitario lugar, y ver las infinitas escalera paralelas que se alejaban en ambos horizontes, creyó que era una nueva oportunidad de disparar a diestra y siniestra para aprisionar alguna realidad que le es ajena.

Tal fue el acierto que tuvo, y más la suerte, que un tremendo monstruo se acercó lento pero letalmente hacia él: la Bestia. Sabía que no era la Bestia pero creyó que podía serlo. Así intentó, inútilmente, capturar su colosal y fuerte paso, que como resultado sólo encontró un vestigio de esa inmensidad. Aunque un saludo lo embelesó sobre manera, pues dicho monstruo iba galopando a placer de suficientes centroamericanos.

La impresionante imagen que le vino a la mente fue la de intentar domar a tal eminencia imparable; pues esa imagen era correr, alcanzar, trepar y someter a la bestia en un camino abrupto, imparable y mortal. La admiración le hizo saludar aquello viajeros, obligados, y estos sólo respondieron el saludo con la mano en alto. De regreso con toda la sorpresa, imaginó mil y un peripecias por las cuales todos y cada uno de los domadores de ese tren se han sometido; imaginó cuanto pasado han dejado atrás y más aún por cuanto futuro van.

Sólo le quedó pensar que aquellos que tiene el derecho de hablar de ellos es porque en algún momento han domado a una bestia de tales magnitudes.

Somos todos los que integramos la redacción ambulante de este proyecto; personas que buscan siempre una historia qué contarte.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *