Ciencia sin “Ñ” is Science

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De acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y del índice de citas en Ciencias Naturales, el 95 por ciento de los artículos especializados en ciencias se escribe en inglés; y de más de 8 mil revistas científicas, el 97 por ciento está escrito en el mismo idioma; ya ni hablar de congresos y ponencias.

Ante esta situación, Luis Fernando Lara Ramos, doctor en Lingüística y Literatura Hispánicas por el Colegio de México, y quién por más de 42 años ha trabajado en el proyecto del Diccionario del Español en México, expone su preocupación por el uso exclusivo del inglés para difundir el conocimiento científico.

Un ejemplo de este fenómeno es “resiliencia”, un término que se refiere a la característica de un objeto para, luego de ser sometido a una fuerza, regresar a su estado original; últimamente esta palabra se ha extendido al uso cotidiano, sobre todo en el ámbito de motivacional para referirse a la capacidad del ser humano de sobreponerse a una calamidad. Cursilería, puede ser. Pero más allá de eso, ¿sabías que esa palabra es un anglicismo? El inglés lo retomó, curiosamente, del latín, la lengua que más influencia tiene en el español… por eso no nos suena extraña ni nos cuesta pronunciarla.

Pero, ¿realmente el uso de anglicismo es el meollo del asunto? Para el académico no. El Diccionario del Español en México registra 409 palabras de origen anglosajón que se usan de forma cotidiana.

“Si consideramos que nuestro diccionario tiene ahorita unas 25 mil palabras, que tengamos solo 400 anglicismos no es problema; en el uso común el anglicismo no es tan problemático a pesar de que se utilice muchas veces. Lo que es preocupante son los anglicismos en las cabezas, las personas que piensan en inglés”.

Sin embargo, lo verdaderamente preocupante es que el discurso científico utiliza demasiados, si no es que está totalmente escrito en inglés.


 ¿Por qué el inglés?

El doctor explica que el predominio del inglés en el ámbito científico surgió luego de la Segunda Guerra Mundial; cuando Estados Unidos resultó como el “gran triunfador”, impuso sus estándares al comercio, a las relaciones internacionales y a la ciencia.

“Hay que recordar que, desafortunadamente, uno de los factores que más motiva la creación científica es el armamento militar o cualquier aspecto que pueda influir en el combate, como la Medicina”.

El científico del idioma comenta que antes de este conflicto bélico, el lenguaje de la ciencia se nutría del latín y francés; basta recordar cómo de niños le poníamos, en tono de broma, un nombre científico a las cosas: animalus hambrientus, rapidus, largus… etcétera… ¿verdad que sí?

Y debido a este monopolio del inglés, el científico se obliga a escribir en este idioma para dar a conocer un conocimiento, ya que un físico, aunque sea mexicano, estudia fenómenos universales.


 Los riesgos en el español

¿Cuál es el peligro? Perder esa función discursiva, a través de la cual llegamos al conocimiento en nuestro idioma.

“Si perdemos alguna de ellas (función discursiva), perdemos la capacidad para entender el mundo en el que vivimos”.

En una situación extrema, pero no imposible ni lejana, llegaríamos a hablar español para la cotidianeidad e inglés cuando hablemos de ciencia; a esto se le denomina diglosia con bilingüismo.

Ejemplo de esto ocurrió con los nahuas: su lengua estaba en pleno desarrollo cuando llegaron los conquistadores, se les impuso el español y, luego de 200 años, perdieron la capacidad de enfrentar en su lengua materna a fenómenos del mundo contemporáneo, tuvieron que sustituirlo por el español. Y actualmente dicha lengua sirve para que sus hablantes se comuniquen, pero no para hacer ciencia “y eso es muy grave. Aprendamos de eso y busquemos conservar nuestra función discursiva para hacer ciencia”, remarca el lingüista.

El español tiene una virtud, dice: desde sus orígenes ha sido una lengua popular. Siempre ha habido comunicación entre la vida popular y la vida científica.

“Debe promoverse esa relación entre lo popular y lo científico, que nutramos el conocimiento científico del español popular”.

Eso lo sabía el rey que forjó el imperio español a través del castellano, Alfonso X, mejor conocido como Alfonso El Sabio; fue él quien escribió la Historia, por primera vez, en su idioma y quien inventó léxico para traducir todo el conocimiento almacenado en libros.


 ¿Qué hacemos?

Para contraatacar, Lara Ramos propone cuatro acciones para fomentar el uso del español en el ámbito científico:

  • Fomentar la publicación de revistas científicas en español.
  • Fomentar congresos interhispánicos.
  • Instituir un premio al mejor artículo escrito en español.
  • No hacer tanto caso a los índices de citas norteamericanos, porque manipulan profundamente el modo de medir la aportación al conocimiento (tómala APA).

Fuente: Conacyt

Somos todos los que integramos la redacción ambulante de este proyecto; personas que buscan siempre una historia qué contarte.

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