Así fue…

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En el convulso 1968, alguien me dio la oportunidad de empezar a amarla; muchos infantes han escrito su historia “del primer amor” durante la primaria, conmigo… así fue. El primero, ese que no he olvidado, me “llegó” entonces; es tiempo de reconocer al “Cupido” que nos presentó.
Un lustro después -en mis estudios de bachillerato- volvimos a coincidir… ¡los tres!: ella, él y yo; juro que así fue.
No hace muchos años -unos seis, quizás- visitaba a mi queretana progenitora y prendí el radio… inmediatamente reconocí la voz serena del “Cronista de la Ciudad”; ese ritmo pausado me recordó los remotos días en el “Instituto México”… una escuela de mi natal Uruapan. El reconocido poeta Francisco Hurtado Mendoza -quien me había puesto frente a ella- hablaba ante los micrófonos; ¡cómo olvidarlo!
Sexto año, primeramente… y luego tercero de “prepa”; para Don Francisco Hurtado, el joven profesor (apenas veinte años mayor que yo), resultaba imposible ocultar su pasión por ella. Así fue como la conocí y, después, llegué a “prenderme” de ella… para nunca separarnos.
Llevo treinta y siete años a su lado; nunca me ha hecho ni siquiera una mala cara… por lo contrario: me ha dejado conocerla, dentro de lo que su inmemorial vida permite; porque debo reconocer que uno no llega a saber mucho de ella. Es misteriosa y profunda… su nacimiento ocurrió hace poco tiempo, mas su historia nos lleva a la Grecia Clásica y al Imperio Romano.
A principios de los ochenta, la hice mi compañera… así fue.
La lengua española (variante moderna de la que hablaba la patrocinadora de Colón, en el Reino de Castilla) ha sido para mí, desde la lejana infancia, una compañera inseparable. Por ella –y con ella- han transcurrido mis años “productivos”; desde que la conocí –cuando el poeta Hurtado Mendoza hablaba de ella- me “guiñó un ojo” (perdón por el pleonasmo) y me “cegó”.
¡Así fue!

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