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Ensayo, el género más natural

Una escritora nada purista del lenguaje, una editora neurótica, y una lectora multiformato y con un gusto por la literatura juvenil (de la buena, afirma), así se dibuja Isabel Zapata a sí misma en el marco del Hay Festival 2019.

Como autora, ha incursionado en los géneros de la poesía y el ensayo, y, aunque asegura que no tiene predilección por alguno en especial, reconoce que a este último llegó de forma natural desde los 8 años, al escribir en su diario, y es en ese espacio donde siente mayor libertad creativa.

“No recuerdo haber tenido un acercamiento oficial con el género, sino que siempre es algo que uno hace naturalmente al escribir; y yo creo que todos, incluso cuando escribes una carta, estás ensayando. Es el género más natural qué hay”.

Foto: Hay Festival
Isabel (izq.) en la charla «Hacia una cultura para todxs»

En cambio, la poesía llegó como un reto, al ser un género que en el imaginario es más estricto, estereotipado con un halo místico, de orden en su forma; sin embargo, ella no cree que sea así, aunque afirma que eso sí pone presión al escribirla. Su obra más reciente es precisamente una obra poética titulada “Una ballena es un país”.

Yo creo que todos, incluso cuando escribes una carta, estás ensayando. Es el género más natural qué hay.

¿Sobre qué escribe? El tema de la pérdida y la construcción de la memoria son sus lugares de predilección al momento de crear, pero siempre, siempre, existe un tópico recurrente en sus obras: el mundo animal.

“Leo mucha divulgación científica sobre el mundo animal, de algún modo estoy siempre aprendiendo nuevas cosas y queriendo hablar de ellas, entonces es un tema que creo que no soltaré, como que siempre va a estar ahí”.

Eso sí, espera que no sea cierto esos dichos de que todos los autores basan sus obras en uno o dos temas a lo largo de su vida y solo pasan dándole vuelta. Expresa, con preocupación, que sus temas deben cambiar (o al menos es su expectativa) en un futuro.

“Soy bien metiche”

Ella lo tiene claro: el proceso de edición también es una labor creativa. Le resulta imposible separar su función de autora y editora; siempre se involucra hasta el diseño, en donde normalmente un escritor no se mete. Pero ella sí, se dice metiche.

“No es que tenga una habilidad especial para encontrar detalles, sino que soy muy neurótica, los editores somos en general gente muy neurótica”.

Para Isabel, la edición también es una actividad creativa.

Menciona que incluso la raíz etimológica de la palabra “editar” está relacionada con las parteras, lo cual considera acertado porque eso es precisamente lo que hace como editora: acompañar a un autor y ayudarlo a que su obra vea la luz.

Algo en lo que sí se marcan sus roles como autora y editora es en su interés por hablar de temas de exigencia social: expresa que un escritor no debe porqué tener una función y obligación de escribir sobre, por ejemplo, la violencia que vive el país.

“No es que sea un deber, pero lo ideal sería que buscara cómo vincular (…) yo vivo en este contexto, sigo las noticias y estoy muy consciente, pero no es un tema que literariamente me interese mucho, ¿por qué?, no lo sé”.

La responsabilidad social de la literatura la resiente más como editora.

Pero al colocarse como editora, es donde sí resiente esa responsabilidad por crear esos espacios de diálogo a través de la publicación de autores que aborden el tema, porque para ella, los libros son ese contrapeso a la digitalización extrema.

El idioma, al servicio de la comunidad

“No creo que el español corra peligro porque alguien decida decir nosotres, creo que es un miedo muy conservador y muy absurdo”.

Isabel es concreta con su idea de la lengua: es un ser vivo que nos sirve para decir lo que necesitemos; se moldea conforme a lo que nuestra realidad exija, no es un objeto rígido que tenga que obedecer siempre las mismas reglas.

“Esta herramienta de comunicación debe reflejar y debe sernos útil para lo que queremos decir, y si no, debemos cambiarlo”.

El pilón

Un dato más sobre ella: su interés por la literatura infantil y juvenil. Afirma que no es tanto un gusto culposo pero sabe lo estigmatizada que está en el imaginario popular. Pero no se agüita porque asegura que es ahí donde está un reto enorme: cautivar la atención de los más jóvenes.

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